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La BCG, cumplió 100 años

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Se empezó a aplicar en Francia para dar protección contra las formas graves de la tuberculosis en bebés. En qué consisten las 20 candidatas vacunales que están en desarrollo

Hace 100 años, en un hospital de París, Francia, una mujer tuvo un bebé y murió luego porque sufría tuberculosis. El bebé iba a quedar a cargo de su abuela que también tenía esa enfermedad. Los médicos Benjamin Weill-Hallé y Raymond Turpin se enfrentaron con este dilema: ¿debían dejar que el bebé corriera el riesgo de contagiarse el bacilo que produce la tuberculosis y falleciera? ¿O debían aplicarle una vacuna que solo se había aplicado con buenos resultados en animales? Consideraron que “su deber era hacer la prueba” y le dieron tres dosis de la vacuna por la boca al bebé. La vacuna funcionó. Se trataba de la BCG, la vacuna más usada en la historia de la humanidad, aunque se estima que podría ser superada en cuanto a la cantidad de dosis aplicadas por la inmunización en marcha contra la enfermedad COVID-19.

La vacuna BCG se aplica en los bebés recién nacidos, antes de que salgan de la maternidad. El nombre del inoculante se debe a las iniciales de “Bacillus Calmette–Guérin”. Porque los creadores de la vacuna contra el bacilo fueron Albert Calmette, médico y bacteriólogo francés, y el veterinario, Camille Guérin, quienes trabajaban en el Instituto Pasteur de Lille, en Francia. Habían empezado a desarrollarla en el año 1900 y aplicaron la primera dosis en el bebé 21 años después.

“Se basaron en la idea de producir una infección con un bacilo atenuado para dar protección contra el bacilo salvaje que genera las formas graves de la enfermedad, que puede producir meningitis u osteomielitis en bebés”, comentó a Infobae Juan Antonio Barcat, ex médico de los hospitales Muñiz y Tornú y el Instituto de Investigaciones Médicas Lanari de la Universidad de Buenos Aires y coautor de un artículo sobre el aniversario de la vacuna BCG publicado por la revista especializada Medicina (Buenos Aires).

Calmette y Guérin realizaron diferentes estudios y habían llegado a la conclusión que su bacilo era “inofensivo” para los bovinos y animales de laboratorio y aun para el ser humano. Un año antes de aplicarla en el bebé, los investigadores escribieron: “Adquirimos la certeza de que nuestro bacilo bovino vivo es inofensivo para el hombre, incluso por inoculación endovenosa a la dosis de, al menos, 44 000 bacilos”.

No se conoció la identidad del primer bebé que recibió la vacuna en 1921, pero se sabe que estaba bien a los 6 meses de vida y que tuvo un desarrollo normal. A partir de que la vacuna brindó protección en ese caso, Calmette, Guérin, los pediatras y otros colaboradores decidieron seguir aplicando la BCG en ”niños pequeños cuyos padres han tenido la amabilidad de autorizarnos”. Lo hicieron desde 1922 hasta 1924.

 

En 1924 los investigadores y los médicos presentaron los resultados ante la Academia Nacional de Medicina de Francia. Expusieron cuáles eran los fundamentos y los resultados de la investigación que permitió atenuar a la bacteria Mycobacterium bovis. Cultivaron ese bacilo, en un medio con bilis de buey, y se modificó su constitución físico-química. Consiguieron atenuarla tras una serie ininterrumpida de 230 pasajes que les llevó 13 años. Estos bacilos atenuados, que se llaman Bacilos de Calmette Guérin, devinieron inofensivos pero capaces de inmunizar contra las formas virulentas de Mycobacterium bovis y Mycobacterium tuberculosis, en todas las especies que estudiaron: cobayos, conejos, bovinos y simios.

En su presentación, los investigadores reconocieron que no iban a resolver en ese momento el grave problema de la tuberculosis pero argumentaron que el uso de la vacuna podía llegar a reducir la mortalidad y morbilidad de los niños. También estaban convencidos de que la mayoría de los casos de tuberculosis en adolescentes eran manifestaciones tardías de una infección adquirida desde la cuna.

Más adelante, en 1931 el doctor Calmette presentó una revisión sobre la vacuna en la Royal Society of Medicine en el Reino Unido y se generó una controversia. Hubo expertos que plantearon la posibilidad de que la BCG mutara su virulencia, y se convirtiera en un patógeno. Calmette rebatió cada una de las objeciones. “¿Qué médico o qué autoridad sanitaria que conozca estos hechos y con toda la información ahora disponible rechazaría deliberadamente aplicar este método simple contra la más virulenta de las enfermedades humanas?”, señaló Calmette para resaltar la importancia de una vacuna que ya demostraba ser segura. La aplicación de dosis en el mundo corroboró lo que el investigador sostenía y redujo los casos de niños afectados por el bacilo.

Desde 1924 hasta los años sesenta, el Instituto Pasteur de Francia entregó cultivos de BCG a más de 50 laboratorios de todo el mundo. Al año siguiente, la vacuna BCG llegó a la Argentina. La trajo el médico Andrés Arena, quien era director del Laboratorio antirrábico del Instituto Bacteriológico de La Plata. El gobierno bonaerense le había otorgado un subsidio para viajar a Barcelona y estudiar una vacuna producida. Pero como ese inoculante no daba buenos resultados, Arena se fue al Instituto Pasteur de París. Allí, el doctor Calmette le entregó cultivos de BCG con la condición “que la vacuna debía otorgarse gratuitamente y los cultivos debían facilitarse para quienes los solicitaran para realizar experiencias o investigaciones”.

 

Arena colocó los cultivos en la sala de máquinas del barco en su regreso a la Argentina para mantenerlos a la temperatura adecuada. En 1925, el Instituto Bacteriológico de La Plata preparó la vacuna BCG y entregó las primeras dosis al doctor Antonio Igartua, quien inoculó a treinta niños en la Maternidad de la Escuela de Parteras de la Plata.

Desde su primera aplicación, se estima que más de 4 mil millones de niños de 180 países han recibido la vacuna BCG. “Se administran cada año más de 120 millones de dosis. Es la vacuna más empleada en el mundo. Pero ahora las aplicaciones de las dosis de las vacunas contra el COVID-19 superarán a las dosis de la BCG”, resaltó Isabel Kantor, quien trabajó como experta en control de calidad de las vacunas para la Organización Panamericana de la Salud y fue otra de las coautoras del artículo en la revista Medicina (Buenos Aires). Otra coautora fue la doctora Viviana Ritacco, una prestigiosa investigadora en tuberculosis del Instituto Anlis/Malbrán, quien falleció el 14 de noviembre pasado.

Durante las décadas pasadas, se han realizado diversos estudios sobre la vacuna BCG, incluyendo ensayos clínicos realizados en la Argentina y otros países de América Latina. Se encontró también que la vacuna brinda protección para otras infecciones y se utiliza en el tratamiento de algunos cánceres, como los tumores de vejiga. Se ha asociado la vacunación BCG con protección contra la lepra, la úlcera de Buruli, varias parasitosis, y una menor mortalidad por cualquier causa en la infancia.

 

Hoy la vacuna BCG sigue siendo la única inmunización autorizada contra la tuberculosis. La pandemia del coronavirus tuvo impactos en diferentes direcciones con respecto a la vacunación con la BCG. Con los confinamientos masivos durante el año pasado, bajaron las coberturas con diferentes vacunas porque los bebés y los niños no fueron vacunados a tiempo. En el continente americano, la cobertura de la vacuna BCG bajó de 97% en 2017 al 85% en 2020. En Argentina, la cobertura se redujo un 5,4% el año pasado con respecto al año anterior.

Pero al mismo tiempo la pandemia gatilló una renovación en el desarrollo de candidatas vacunales con la que se intenta superar el predominio de la vacuna BCG. Hoy rigen pautas de éticas de la investigación clínica que son mucho más estrictas que las que se tenían en cuenta hace 100 años, que incluye la realización de ensayos con diferentes fases para evaluar eficacia y seguridad de la inmunización.

Hay más de 20 candidatas propuestas con el objetivo de contrarrestar la tuberculosis. Entre ellas, hay vacunas celulares inactivadas y atenuadas, de subunidades proteicas, de ácidos nucleicos, con vector adenovirus, y con virus influenza recombinante como vector. También hay investigadores que han salido a señalar que la buena experiencia con las vacunas de ARN mensajero que se desarrollaron contra el COVID-19 podría servir para la construcción del conocimiento y el desarrollo de inoculantes similares contra la tuberculosis.

“La demostración en 2004 de un efecto protector de la vacunación con ARN contra la tuberculosis en ratones fue una de las primeras pruebas de concepto de las vacunas de ARN”, recordaron en un artículo en la revista Emerging Microbes & Infections este año los investigadores Xiao-Yong Fan y Douglas Bruce Lowrie, de la Universidad Fudan de China. Cuando se hizo el desafío con una infección virulenta cuatro semanas después, los ratones estaban significativamente protegidos.

 

El punto débil fue que la protección que brindó esa vacuna de ARN mensajero fue menor que la obtenida con la BCG. Los científicos chinos reconocieron que, aunque haya barreras para sortear, “la epidemia mundial de tuberculosis, con más de un millón de muertes al año, exige sin duda un intenso esfuerzo de investigación y desarrollo para obtener vacunas de ARN mensajero” contra esa enfermedad.

“Todavía nos queda camino por recorrer. Recientemente se han producido dos avances prometedores. El primero es un estudio que demuestra que la revacunación con BCG otorga efectivamente protección contra la tuberculosis. Esto es emocionante, ya que la BCG es una vacuna aprobada y si este enfoque demuestra una protección duradera y sostenida, el despliegue de las campañas de vacunación masiva será más fácil que comenzar con una nueva vacuna”, opinó Bavesh Kana, director del Centro de Excelencia para la Investigación Biomédica de la Tuberculosis de la Universidad de Witwatersrand, en Sudáfrica.

El otro avance -según el doctor Kana- fue una investigación publicada en The New England Journal of Medicine (NEJM) que demostró que una vacuna (conocida como M72/AS01E) proporcionó una buena protección en un ensayo clínico. En 2020, esta vacuna fue autorizada por el Instituto de Investigación Médica Bill y Melinda Gates para continuar su desarrollo.

“Hay diferentes investigaciones en curso -comentó Kantor en diálogo con Infobae. Veremos en los próximos años si alguna de los candidatos vacunales puede demostrar a través de los ensayos clínicos que sea segura y superior en eficacia a la vacuna BCG. En 100 años, ninguna alternativa logró superarla”.

 

Infobae