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Las claves para prevenir el cáncer de cabeza y cuello

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Si bien se trata de una patología que en la Argentina representa el 3% de nuevos cánceres diagnosticados, también puede ser causado por infecciones por virus como Epstein-Barr o HPV. Señales para detectarlo a tiempo. 

El cáncer de cabeza y cuello (CCC) comprende un grupo de patologías que se originan en la mucosa y glándulas de la vía aero-digestiva superior. Si bien pueden presentarse de formas diversas, en un 90% se trata de carcinomas escamosos (epidermoides) que surgen de las mucosas de la cavidad oral (la boca), la faringe y la laringe.

En el Día Mundial contra el Cáncer de Cabeza y Cuello, los especialistas se esfuerzan en dar a conocer que los factores de riesgo más asociados al desarrollo de este grupo de enfermedades son el consumo de tabaco y alcohol, además de la infección por ciertos virus, como el de Epstein Barr (VEB), o el Virus del Papiloma Humano (HPV por sus siglas en inglés), que contribuyen a su formación y se vinculan con el tipo de evolución.

Se presenta con mayor frecuencia en hombres que en mujeres, predominantemente en mayores de 50 años, aunque en los últimos años se ha detectado un aumento en la incidencia de estos tumores en pacientes menores de 50 años, particularmente carcinomas de orofaringe asociados a infección por HPV.

En conjunto, ocupan el séptimo lugar en frecuencia entre los distintos tipos de cáncer a nivel mundial. En el año 2020, se diagnosticaron más de 900.000 nuevos casos en todo el mundo y constituyen entre un 4 a 5% del total de nuevos cánceres a nivel mundial, con una incidencia que puede alcanzar a 5 personas cada 100.000 habitantes, con diferencias entre hombres y mujeres, y según la población en estudio. Los datos de Argentina muestran un total de 3.635 nuevos casos, lo que constituye aproximadamente un 3% del total de nuevos cánceres diagnosticados.

La tasa de mortalidad de los CCC varía según dónde se encuentran alojados, su subtipo histológico, el estadio al momento del diagnóstico y las comorbilidades de los pacientes. Sin embargo, en conjunto alcanzan sólo el 2 a 3% del total de muertes por cáncer en todo el mundo. En general se trata de patologías con buen pronóstico cuando son diagnosticadas y tratadas en etapas tempranas. Para tumores de cavidad oral y orofaringe se estima que un 65% de los pacientes estarán vivos a los 5 años de haber sido diagnosticados.

¿Qué tipos de CCC existen?

Dentro de este grupo de patologías se encuentran los tumores de la cavidad oral (mucosa yugal, lengua oral, encías, labios), faringe (nasofaringe o cavum, orofaringe que comprende base de lengua y amígdalas, hipofaringe), laringe, senos paranasales y glándulas salivales.

Si bien en conjunto comparten muchas de sus características, hay aspectos que difieren entre sí: “Los tumores de la cavidad oral, orofaringe, hipofaringe, y laringe, son los más relacionados al consumo de tabaco y alcohol, y suelen ser de tipo epidermoide. Particularmente, aquellos localizados en la orofaringe (base de lengua y amígdalas) tienen una alta asociación con la infección por HPV”, explicó el médico oncólogo clínico Mariano Leiva, especialista en Tumores de Cabeza y Cuello/Tiroides del Instituto Alexander Fleming (IAF).

Los tumores de cavum, en cambio, se asocian con el consumo de ciertos alimentos, como la nuez de Betel, y la infección por el virus Epstein Barr. “Pueden ser epidermoides (similares a la piel), pero con frecuencia se trata de carcinomas indiferenciados, denominados linfoepiteliomas. Los tumores de senos paranasales y glándulas salivales suelen ser de tipo adenocarcinoma, adenoide-quístico y, en menor medida, epidermoides”, agregó Leiva.

Cómo identificarlos

 

Los síntomas dependerán del sitio donde se asienta la enfermedad y la extensión de la misma. “Los tumores de la cavidad oral se caracterizan por presentar masas o nódulos en labios, encías, mucosa yugal o lengua. Se pueden manifestar también como úlceras dolorosas. Los tumores de la orofaringe pueden producir molestias para tragar, hablar o sensación de ‘cuerpo extraño’ en la garganta. Frecuentemente se manifiestan con ganglios linfáticos aumentados de tamaño en las regiones laterales del cuello”, detalló a su turno el médico oncólogo clínico Agustín Falco, especialista en Tumores de Cabeza y Cuello del IAF.

“Los tumores que comprometen la hipofaringe y la laringe se manifiestan con cambios en la voz -que producen disfonía o ronquera-, o ganglios en el cuello. Los tumores de la nasofaringe pueden producir alteración de la voz de tipo nasal, mientras que los de los senos paranasales se pueden presentar como sinusitis a repetición que no mejora con el tratamiento convencional”, señaló Falco.

¿A qué señales hay que prestarle atención para llegar al diagnóstico?

Los profesionales del IAF explicaron que se debe consultar al médico ante la aparición de llagas en la boca que no curan, úlceras, masas palpables en el cuello, cambios repentinos en la voz. “Muchas, o algunas de estas alteraciones pueden tener también causas benignas, pero deben descartarse las neoplasias”, aclaró Leiva.

La mejor forma de prevenir esta patología es mantener hábitos de vida saludables. Las principales recomendaciones son evitar el consumo de tabaco en todas sus formas (cigarrillo, cigarro, pipa, masticado), no consumir alcohol en exceso, mantener una adecuada higiene de la boca y dentaria y consultar precozmente ante la aparición de alguna de las alteraciones.

¿Cuáles son los tratamientos más eficaces?

Las estrategias de tratamiento varían según la localización y la extensión de la enfermedad, detallan los especialistas.

“Los que asientan en la cavidad oral idealmente son operables, mientras que los de faringe y cavum, por lo general, no se operan. Los tumores de la laringe, en principio, se tratan con cirugías mínimamente invasivas cuando es posible, o con radioterapia y quimioterapia, intentando preservar el órgano. Cuando esto no es posible se realiza la cirugía”, sostuvo Leiva.

Las otras estrategias, muchas veces complementarias a la cirugía, son la radioterapia, la quimioterapia, la inmunoterapia, y los tratamientos dirigidos. “El objetivo principal del tratamiento, además de la curación o control de la enfermedad, es la preservación de las múltiples y vitales funciones que desempeñan las estructuras de esta región de la anatomía”, detalló Falco, quien destacó que “a pesar de esto, en algunos casos, la combinación necesaria de estrategias de tratamiento (por ejemplo, radio más quimioterapia) o las cirugías amplias, ocasionan efectos adversos de cierta complejidad, que deberán ser oportunamente atendidos por el equipo a cargo”.

En cuanto al diagnóstico, las resonancias magnéticas de alta resolución y PET facilitan la evaluación inicial, siempre y cuando sean utilizados por profesionales entrenados en el área. Las técnicas quirúrgicas mínimamente invasivas, sobre todo para tumores tempranos de laringe -como el láser o crioablación- son una gran herramienta para tratar esta patología con mínimas o nulas secuelas. Con respecto al tratamiento oncológico, “el mayor avance ha venido de la mano de la inmunoterapia, que es un tratamiento en general muy bien tolerado y que brinda, en muchos casos, buen control de enfermedad a plazos más largos”, ahondó Leiva.

Finalmente, el jefe de Oncología Clínica del IAF, doctor Matías Chacón, remarcó que “es fundamental destacar la importancia de que esta patología sea abordada por grupos de trabajo multidisciplinarios”. “Si tenemos en cuenta que estamos hablando de estructuras tan importantes como la boca, la garganta, la laringe con las cuerdas vocales, y de las posibles complicaciones que pueden surgir de la propia enfermedad o su tratamiento, como trastornos de la masticación, la deglución, o el habla, se hace evidente que el paciente se verá beneficiado con la atención conjunta de distintos profesionales (cirujanos especializados en la patología, oncólogos, radioterapeutas, otorrinolaringólogos, fonoaudiólogos, nutricionistas, odontólogos, estomatólogos, psicooncólogos) que, en conjunto, puedan atender con el mayor grado de conocimiento cada una de las áreas que comprende esta enfermedad”, concluyó.

 

Infobae